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Despídete del miedo: Chau miedo

Por 5 minutos de lectura

Es tiempo de decirle «Chau miedo»

despídete del miedo

despídete del miedo

Despídete del miedo

Sucedió que cuando el filisteo se levantó y se fue acercando para enfrentarse a David, éste corrió rápidamente hacia el frente de batalla para enfrentarse al filisteo.

1Samuel 17:48

La historia de David y Goliat es fascinante. Un joven pastor enfrentándose a un super guerrero. Cuando dos campeones se encontraban, generalmente cada uno decía un discurso, y algunas veces recitaban versos con alusiones y epítetos de la clase más injuriosa, lanzando desprecios y provocaciones el uno al otro.

Esta clase de diálogo todavía es muy común entre los combatientes árabes. Pero el discurso de David, sin embargo, presenta un contraste notable. Era lleno de una confianza piadosa, y él atribuía a Dios toda la gloria del triunfo que él preveía. Cuando estuvo frente al enemigo, no se amedrentó, sino que lo enfrentó y utilizó las armas que conocía bien. Conocemos el final, Dios le dio la victoria.

Cómo reaccionas frente a un gigante?

Ponernos en el lugar de David nos lleva a reflexionar… ¿Cómo reaccionaríamos frente a un ataque de un enemigo tan poderoso? Fíjate que el ejército de los israelitas estaba amedrentado, dice «Cuando los israelitas vieron a Goliat, huyeron despavoridos.» 1 Sa 17:24. Goliat era un paladín del ejército filisteo, y ambos ejércitos estaban frente a frente. Entonces, Goliat apareció y los desafió. ¿Qué hicieron? Huyeron despavoridos. Esa fue la reacción de hombres de guerra, acostumbrados y entrenados para pelear. Evidentemente, estaban preparados para pelear con pares, pero no con alguien tan fuerte.

Opiniones de otros

David estaba frente a hombres que no lo aceptaban como guerrero, era demasiado joven, demasiado tierno. Por otra parte, debió soportar la burla y el desprecio de sus hermanos, y también, el hecho de que el rey lo trate de inmaduro e incapaz. Sin embargo, ninguna de estas cosas hizo que tuviera temor o se sintiera mal.

El secreto

El secreto de David estaba escondido en Dios. El enemigo había ofendido al mismísimo Dios. Su anhelo era enfrentar al que había animado a desafiar el honor de Dios. «Hoy mismo el Señor te entregará en mis manos; y yo te mataré y te cortaré la cabeza. Hoy mismo echaré los cadáveres del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras del campo, y todo el mundo sabrá que hay un Dios en Israel. Todos los que están aquí reconocerán que el Señor salva sin necesidad de espada ni de lanza. La batalla es del Señor, y él los entregará a ustedes en nuestras manos.» 1Sa 17:46,47

¿Has visto a tu enemigo? ¿Es demasiado grande? Ningún gigante es más grande que el Señor Jesucristo. El fuerte no se gloríe en su fuerza ni el hombre armado en su armadura. Dios resiste al soberbio y desprecia a los que le desafían a Él y a su pueblo, su iglesia. Nadie que haya endurecido su corazón contra Dios ha prosperado jamás.

Despídete del miedo. Dios está de tu parte.

No temas ni desmayes, pues el Señor Jesús está contigo. No hay enemigo que sea tan grande como para vencerte, pues la victoria es del Todopoderoso. Mira bien a tu gigante, observa sus cualidades. El reconocer de dónde vienen tus miedos y lo que la Palabra dice al respecto de dará la victoria y te hará libre.

Sólo tienes que dar el primer paso.

Oración de fe y despídete del miedo

Oh Dios misericordioso, al igual que David enfrentó al gigante Goliat con valentía, te pido la fuerza para despedirme del miedo que amenaza mi corazón. Que tu luz ilumine mi camino, permitiéndome ver más allá de los gigantes que se interponen en mi vida. Así como David confió en ti en medio de las burlas y desprecio, que yo también encuentre mi refugio en tu amor inquebrantable.

Que la fe en tu poder soberano sea mi escudo contra las dudas y que, al igual que David declaró, pueda proclamar con confianza que la batalla es tuya. Señor, enfrento mis propios gigantes, pero reconozco que contigo a mi lado, ningún enemigo es tan grande.

En este momento de desafío, me aferro a tu promesa de que no debo temer ni desmayar, porque Tú estás conmigo. Así como David dio el primer paso hacia la victoria, ayúdame a vencer mis temores, confiando en que contigo a mi lado, ninguna adversidad prevalecerá. Amén.

8 Comments

  • Amiga, Dios te bendiga. Un saludo cordial en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Pasando por aqui a visitar tu blog, que como es de costumbre tiene un gran contenido y es muy interesante. Te bendigo en el nombre de Jesús. Que bueno conocer personas que aman a Dios con tanta entrega como tu. 🙂

  • Qué hermosa entrada es esta, te felicito por tu edificante blog. El miedo es el peor enemigo que tiene el ser humano pero para los que estamos en Cristo este no debería ser un obstáculo porque Dios pelea por nosotros pero he visto a muchos creyentes paralizados por el temor. Gracias por recordarnos que mayor es el que está con nosotros (Dios) que nuestras dificultades.
    Dios te siga usando y bendiciendo
    Saludos
    Carlos

  • Tejedora dice:

    Jomayra, gracias por tu visita y tus amorosas palabras. Dios te bendiga.

  • Tejedora dice:

    Carlos, gracias por compartirnos palabras que acompañan y aportan mucho al artículo. Aprecio de verdad este comentario. Un saludo en Cristo!

  • DianaWuC dice:

    Hola Pat, Dios me ha estado hablando acerca del miedo. Pienso que El quiere que lo venzamos, ya que éste nos paraliza en nuestro caminar y nos impide llegar hasta donde El quiere que lleguemos.Dios la siga bendiciendo abundantemente.

  • Hola Pat de verdad ha sido muy edificante leer esto precisamente en estas etapas de mi vida, relamente es Dios confirmando su palabra, es cierto cuantas veces por miedo no me he atrevido a intentarlo y el miedo ha hecho que muchas cosas no se logren, sin embargo Dios me recuerda nuevamente que no hay nada que temer, nada absolutamente nada. Un fuerte abrazo

  • Tejedora dice:

    Diana y Patricia, en el perfecto amor de Dios el temor no tiene lugar… Dios las bendiga, un beso a cada una! 😉

  • Lourdes dice:

    Muy fortalecedor su mensaje,

    Tengo dos hijas y cuatro nietos, y muchas son las batallas que cada día tengo que enfrentar. Pero le digo Pat, que cuando más fuerte ha sido la batalla, más grande es mi Señor. Pacientemente espero en su gloria, y descanso en Él. Y cuando el miedo viene, clamo a Dios y el me hace fuerte ante la dura lucha.

    Dios le bendiga mucho a usted y a sus seres amados. El gigante pelea por nosotros.

    Lourdes

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